miércoles, 18 de junio de 2008

NI CAMA NI CORCHA NI CORCHÓN...




NI CAMA NI CORCHA NI CORCHÓN…

No había boda en mi pueblo en la que no se hiciera alguna broma a los contrayentes para contribuir al jolgorio de la fiesta y sin que supusiera menoscabo o desprecio para los recién casados. Aún hoy se siguen haciendo, pero menos, porque la vida en la ciudad no aconseja la entrada en una vivienda que no sea la tuya. Todavía recuerdo mi boda, cuando encontré debajo de mi cama varias decenas de cascabeles que, con celo digno de mejor causa, había ido guardando mi primo Pedro, cuidadosamente atados al somier con alambre, con el fin de que me entretuviera quitándolos, cosa que me costó un buen rato, antes de, como decía él en una nota que encontré debajo de la cama, dedicarme a labores más tiernas.

Entre todas las bromas posibles, una que no faltaba nunca era la sustracción de la cama de la novia. Ahora los contrayentes no suelen dormir en su cama hasta el regreso del viaje de bodas, pero entonces los novios no iban de viaje y la llegada de la noche suponía para algunos, aparte de la necesidad del descanso después de un día agotador, el primer contacto con la novia con todas las de la ley. Incluso en las canciones que las mozas cantaban en el acto de ofrecer se refleja la proximidad de la noche como factor insoslayable para la novia, como queda reflejado en el siguiente cantar:

El novio ríe que ríe
la novia llora que llora
el padrino le pregunta
¿qué tienes blanca paloma?

a mí no me pasa nada
ni me duele la cabeza
no que siento es lo que siente
que la noche ya se acerca


Sin embargo, antes de entregarse a los menesteres propios del momento, los novios debían de pasar por el trago de recuperar su propia cama que les había sido sustraída por la tarde, a veces con riesgo serio de sufrir un accidente, ya que no solían disponer de la llave de la casa y la entrada al dormitorio de la novia debía realizarse por el balcón o forzando alguna ventana, previa rotura del cristal correspondiente. Los novios sabían ya que les habían sustraído la cama porque la ropa se había lucido en la plaza en el momento de ofrecer, si no toda, sí algunas prendas, por lo que intuían que no podrían dormir en su camita si no llegaban a un acuerdo. Entonces comenzaba la negociación: los mozos pedían dinero al novio como rescate de la ropa y él se negaba a dárselo amenazando con irse a dormir a casa de algún familiar, pero terminaba cediendo porque para ellos, y sobre todo para la novia, era muy importante pasar la noche de bodas en su camita y con sus sábanas y colcha que había preparado con tanto esmero, a veces durante varios años, por lo que el conflicto terminaba cuando el novio accedía a entregar una cantidad, generalmente menor de la solicitada, que los mozos aceptaban y se apresuraba n a transformar en vino lo antes posible para continuar la fiesta.

Entonces los novios desaparecían discretamente y si tenían suerte y los mozos no se daban cuenta o estaban entretenidos en otras cosas, podían disfrutar de su primera noche de amor bendecida por la iglesia y el juzgado. En caso contrario, aún deberían soportar el sonido de los cencerros debajo de la ventana o algunos cantos alusivos a la virilidad del hombre, hasta que los mozos, agotados de tan largo día, se iban a la cama o a continuar la juerga en otro lugar.

Ni mi madre ni yo tenemos conocimiento de que el hecho de sustraer la cama de la novia originara conflicto alguno entre los asistentes a las bodas, incluso si se había producido algún desperfecto en la casa como consecuencia del robo. Todo el mundo conocía la costumbre y la aceptaba y si la ropa no se sustraía, algunos llegaban a pensar que la gente joven de la boda era poco valiente o “no tenía lo que había que tener”.

Sin embargo, no era así en otros sitios donde la costumbre resultaba desconocida.
Cuenta mi madre que fue a la boda de un familiar a La Vera. Recuerda perfectamente cómo hicieron el viaje a lomos de una yegua por el Puerto de Castilla, hasta Cabezuela del Valle, subieron por El Piornal y bajaron a Jaraíz. Todo un día de viaje para llegar la víspera de la boda, que se celebró en un pueblo llamado El Collado. Mi madre estaba deslumbrada, sobre todo por el coche del que descendió la novia a la puerta de la iglesia, un coche enormemente largo y enormemente negro, dice ella. A la hora de ofrecer, cuenta mi madre que un hermano de la novia dijo “que allí no se daba nada, que el que no valiera para casado, que no engañara a la mujer”. Entonces los invitados de mi pueblo pensaron que si no se les permitía ofrecer públicamente los regalos, al menos deberían aplicar alguna de las costumbres que ellos celebraban, por lo que decidieron sustraer la cama de la novia, con la complicidad previa de una vecina que prestó su casa para guardarla. Pero no contaban con que ni la novia ni su familia conocían la costumbre.

Comieron bien y bailaron durante buena parte de la noche, retrasando en lo posible el momento de irse y cuando la novia quiso enseñarles la cama a las nuevas familias se encontró con el somier y los catres tristemente desnudos. Su primer pensamiento fue que la habían robado de verdad y entre un mar de lágrimas empezó a gritar con ese acento tan verato que mi madre imita a la perfección:

- ¡Ay qué robo, Dios mío! Ni armohada ni corcha ni corchón- a la vez que gritaba y lloraba desconsolada incitando a su padre a llamar a la Guardia Civil. Cuando los invitados le pedían que se tranquilizara, que alguna explicación habría para la desaparición de la cama, ella insistía en que, aprovechando la boda, alguien habría robado en el pueblo y le había tocado a ella porque sabían que la casa estaría vacía. Ante la insistencia en poner el caso en conocimiento del juez, la familia del novio se apresuró a devolver la ropa y a explicar que se trataba de una costumbre y que no había habido intención de disgustar a nadie. Tardó la novia en aceptar las explicaciones y sólo cuando el novio corroboró la versión de los parientes de la sierra, se sintió más tranquila.

De los partos en casa, “el agua de socorro” y otras vicisitudes de la vida hablaremos en otra ocasión.

RHM. Enero 08


No hay comentarios: